Protocolos vacunales modernos en perros

Hablemos de vacunas en perros. Vamos a hablar de cuáles, de cuándo y, sobre todo, del porqué. No soy inmunólogo, pero en la clínica hacemos inmunología continuamente: el sistema inmune, las defensas, intervienen cada vez que viene un paciente enfermo, o le desparasitamos, o le prescribimos un antibiótico, le operamos o, simplemente, le ponemos una vacuna.

Ese gesto que parece tan sencillo lleva detrás muchísimos años de estudio de generaciones de investigadores médicos, biólogos, veterinarios, farmacéuticos. No puede ser realizado alegremente por cualquiera, sin valorar previamente al paciente. Cada caso debe ser tratado individualmente: no hago lo mismo con el perro que tengo delante que con el que se acaba de marchar, y los dos venían a vacunar. Son casos diferentes siempre ( aunque en perros sanos muchas pautas se repitan) y el estado de salud lo valora un médico o un veterinario preparado para tal fin.

Existe la creencia generalizada de que hay que vacunar de todo, todos los años. De hecho, hay veterinarios que en realidad solo son “vacunadores”. Podrían ser auxiliares, porque para pinchar a un perro no hay que estudiar 5 ó 6 años. Hay muchos criadores que lo hacen, así pasa con los perros que venden, que vienen con muchos “premios” los pobrecillos, tanto víricos como parasitarios.

Hace varios años, un estudio demostró que los anticuerpos frente al Parvovirus y al Moquillo caninos duraban entre 2 y 3 años en perros inmunocompetentes (con sus defensas “en forma”), correctamente desparasitados, y sus órganos funcionando correctamente. Desde entonces, nuestros protocolos han cambiado, y preferimos hacer una analítica de sangre anual para valorar el estado de salud de perro y vacunar cada 2 años frente a Parvovirus y Moquillo que seguir vacunando sin más.

Pero esto sería en un perro adulto, que en su etapa de cachorro ha sido vacunado como es debido. ¿Cómo se vacunaría a un perrito en su primer año?

El protocolo actual recomendado para cualquier cachorro, de forma ideal, sería el siguiente:

–          A los 45 días, vacuna frente al Parvovirus y Moquillo canino

–          Con 2 meses de edad, revacunación frente a Parvovirus, Moquillo, Hepatitis y Leptospirosis

–          Dos semanas después, se repite esta última vacuna. Hay razas más predispuestas a padecer Parvovirus y Coronavirus (Rottweiler, Labrador, Golden, Pastor alemán, etc) y en estos casos se recomienda aplicar una dosis más.

–          A los 3 meses de edad, vacuna Antirrábica

–          Dos semanas después, contra la Traqueobronquitis canina

–          A los 6 meses de edad, primera dosis frente a la Leishmaniosis. Esta vacuna se repite dos veces más, con un intervalo de 3 semanas entre vacuna y vacuna.

El protocolo correcto para un perro adulto, después de lo que hemos comentado, sería:

–          Vacuna Antirrábica anual

–          Vacuna Leptospirosis anual (o cada 6 meses si es zona endémica)

–          Vacuna Moquillo, Parvovirus y Hepatitis bianual

–          Vacuna Traqueobronquitis infecciosa anual

–          Vacuna Leishmaniosis anual

Ahora os toca a vosotros. Dudas, preguntas, comentarios, anécdotas (todos los que han comprado un perro las tienen) o debates serán bienvenidos.

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¿Por qué ponemos vacunas a nuestros perros?

La respuesta es sencilla: para protegerlos, igual que hacemos con nuestros hijos o con nosotros mismos. Es medicina preventiva, que sale muuuuucho más barato que curar cualquier enfermedad vírica, si es que se puede curar.

Hay vacunas obligatorias y otras voluntarias.

Las obligatorias lo son porque evitan la transmisión de zoonosis, esto es, enfermedes transmisibles a las personas, como por ejemplo la rabia. Las voluntarias, porque protegen frente a enfermedades exclusivas de los perros. Pero siempre digo que si le preguntáramos a un perro frente a qué se quiere vacunar, contestaría sin dudar: parvovirus, moquillo, leishmaniosis (ya existe la vacuna, como muchos de vosotros sabéis) y en último lugar diría que la rabia.

 Por fortuna, se conocen poquísimos casos de perros enfermos de rabia cerca de nuestras fronteras, y proceden del norte de África y sur de Francia. Y hay políticos que quieren quitar la obligatoriedad de la vacunación antirrábica, comunidades autónomas que vacunan cada 2 años…¿sobran o no sobran políticos en España? Quienes, por desgracia, toman las decisiones sanitarias en nuestro país no tienen preparación suficiente para tomarlas, así nos luce el pelo.

No hay que olvidar que en un pequeñísimo porcentaje de perros, igual que sucede en las personas, se pueden producir reacciones vacunales adversas, en la mayor parte de los casos debidas a los excipientes de las vacunas.

Aunque las reacciones pueden ser muy diversas, lo más frecuente es el angioedema de belfos, o lo que es lo mismo, inflamación rápida y evidente de los labios, que se suele extender a los párpados y orejas. Es una de las urgencias veterinarias realmente “urgentes”, y tenemos que tener a mano el teléfono de urgencias de nuestro veterinario o de la clínica de urgencias más cercana. Si se actúa a tiempo, se resuelve bien.

Pero los beneficios son evidentes: todas estas enfermedades son mortales casi siempre, y tenemos las armas para luchar contra ellas. La última vacuna presentada en el mercado es la de la leishmaniosis canina, disponible en España desde Enero de 2012.

Mañana hablaremos de los protocolos vacunales, o sea, de cuándo y cómo se ponen todas estas vacunas.

¿ Por qué soy veterinario ?

Yo tenía 8 años. Vivíamos en Túnez desde hacía 4, por el trabajo de mi padre. Era veterinario, en una época de masificación en las aulas (parecido a lo que pasa ahora, aunque no tanto) y con poca oferta de trabajo. Se enteró de un proyecto de cooperación bilateral con Túnez que ofertaba el Ministerio de Asuntos Exteriores.

Si ahora los jóvenes son reacios a abandonar el cómodo hogar paterno, imaginaos hace cuarenta y tantos años…como él cumplía los requisitos y no se presentó más gente, le cogieron. Y allá que se fue con su mujer y sus dos hijos pequeños de 4 y 2 años.

Es cierto que era una aventura, porque estaba destinado en Kairouan, ciudad importante, con una mezquita imponente, pero no era la capital. Corría el año 1969 y nos encontrábamos en un país extraño, con un idioma desconocido para nosotros, sin familia, sin amigos…Por las mañanas muy temprano , mi padre nos dejaba  para ir al campo a enseñar a los pastores, ganaderos y agricultores cómo optimizar los cultivos, los rebaños, organizar las cubriciones de las hembras en celo, las desparasitaciónes del ganado, en fin, todas labores de un veterinario especialista en producción animal.

Esa noche, como casi todas, volvió tarde y cansado. Pero era feliz, tenía esa expresión en la cara de haber hecho un buen trabajo, de haber disfrutado hasta la extenuación, de haber cumplido con creces. Nos contó lo que había hecho ese día, lo que tenía que hacer el siguiente, y que antes de acostarse debía preparar el rapport –entonces no había ordenadores- para pasar a limpio todas las notas del día y organizar el trabajo del personal a su cargo.

Ese fue el primer día que pensé en ser veterinario. No podía entender exactamente en qué consistía su trabajo, pero lo que estaba claro era que le encantaba y que era importante para los demás, que les ayudaba, les enseñaba a hacer mejor las cosas; y que era muy respetado y querido. Recuerdo muchas invitaciones a comer cordero con los ganaderos, con quienes teníamos el honor de compartir su comida familiar.

Fue una etapa preciosa que duró varios años, porque después del primer año en Kairouan le ofrecieron formar parte de un proyecto más ambicioso de la FAO (ONU). Debieron valorar su trabajo, y lo que iba a ser una pequeña aventura de uno o dos años se convirtió en 5 años en Túnez, uno en Mauritania, y dos etapas más en Argelia. Le ofrecieron seguir, pero esa es otra historia…

Y volvimos a España. Estuvo reciclándose para estar al mejor nivel posible en perros y gatos y abrió su consultorio, lo que hoy es Centauro veterinarios. Estábamos en el año 1976, y lo que hacía mi padre en aquella época era casi magia. La de los médicos rurales que, sin análisis, ni rayos X, ecógrafos, electrocardiógrafos, eran capaces de curar prácticamente todo, con el mérito añadido de que nuestros pacientes perrunos y gatunos no hablan (tampoco suelen mentir, o quejarse si no les duele).

Una noche, volviendo de la clínica, me contó que había palpado un abdomen y que había diagnosticado que el perro tenía un cuerpo extraño. Le operó y le sacó un calcetín…¿os imagináis cuántas pruebas serían necesarias en una persona antes de meterla en quirófano hoy día?  Mi padre estaba tan feliz de haber resuelto literalmente “con sus manos” un caso tan complicado.

Ese día ya no tuve dudas: sería veterinario.

En memoria del Dr. Pedro Valera Lorenzo (1930-2005), fundador de Centauro Veterinarios.