Castañeda-Pedrouzo

Mañanita de niebla, tarde de paseo.
Después de oír tronar y llover toda la noche el amanecer era más propio de la campiña inglesa que del verano español. Pero era el clima ideal para andar, así que nos pusimos en marcha a buena hora. Hoy no teníamos intención de ir rápidos, nos lo tomaríamos con calma.
Esta etapa transcurre por una continua arboleda de eucaliptos, solo interrumpida por los cruces de caminos; poco importa el tiempo que haga, pero mejor sí es fresco 🙂 Andar respirando el aroma de los chicles de menta limpia la mente.
Nos lo hemos tomado con tanta calma que nos detuvimos a comer faltando 8 km. Sin problema, no teníamos noticias del sol y el camino no era exigente.
Finalmente alcanzamos Pedrouzo, aunque tardamos en encontrar el Casal de Calma.
Dido ha tenido un par de encuentros con machos dominantes que ha despachado con su habitual solvencia: les enseña el culito y, cuando ven que no es macho, pues no le atacan 🙂

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